La opción del rentig

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En la situación actual no sólo es difícil plantearse cuestiones cotidianas como el ahorro, sino que elementos más complejos que debieran resultar lo menos complicado posible para el usuario, como puede ser el hecho de lanzar un negocio o una idea de empresa, se han complicado de manera tremenda entre otras cuestiones (y realmente como elemento capital) por las dificultades de financiación para los proyectos a través de los créditos.

Este hecho hace que evidentemente resulta complicado como decimos plantearse el lanzamiento un negocio o empresa, y, que las opciones de financiación para la compra de determinados elementos sea complejas desde el punto de vista crediticio, momento en el que el usuario debe plantearse todas las opciones posibles de mercado dentro de los productos financieros incluyendo también el renting.

Debe quedar claro que no estamos afirmando que la obtención de este producto sea más simple que la obtención de un crédito, aun que es cierto que en determinadas ocasiones al menos nos va a proporcionar posibilidades a las que tal vez no podamos acceder a través de los canales de financiación habituales.

En esencia los dos renting más comunes a la hora de plantearse el establecimiento del negocio son los que hacen referencia por un lado a los vehículos y por otro a determinados elementos como puede ser por ejemplo los mobiliarios como equipos informáticos y tecnológicos.

Este tipo de producto viene a suponer una especie de alquiler de larga duración sobre el bien a financiar, de esta manera el usuario a través de una cuota fija mensual pactada en el contrato de alquiler no sólo accede al uso del vehículo (o equipos informáticos por ejemplo) sino que lo hace en unas condiciones determinadas en las cuales por ejemplo en el caso de los vehículos se incluyen dentro de la cuota pactada elementos que van desde el propio aseguramiento del vehículo, el mantenimiento, las tasas e impuestos, y en definitiva los gastos generales habituales a este tipo de productos excepto los derivados del uso como puede ser el consumo de combustible.

Dependiendo del tipo de propuesta (renting o leasing) al término del periodo contratado el usuario podrá acceder a la propiedad completa del bien financiado a través del pago de un valor residual del mismo o al acceso a otro bien en sustitución del primero modernizado, algo por ejemplo de mucho valor en el caso de los equipos informáticos.

Las ventajas de este tipo de contratos de alquiler de larga duración con respecto al hecho de la compra en sí del propio bien a financiar resultan evidentes, por un lado, aglutinar en una única cuota los costes que ese producto nos genera, por otro lado facilitar la propia Tesorería a través de un pago único que además se puede imputar como gasto y no como inversión y desde los bordes del punto de vista práctico el hecho de no tener que asumir las cuestiones derivadas que citábamos anteriormente.

Sin duda la amplitud que este producto ha alcanzado en cuanto a bienes financiables lo convierte en un elemento a tener en cuenta como decíamos al comienzo del artículo a la hora de plantearse el lanzamiento de un negocio y la necesidad de financiar determinados bienes que, como vemos, pueden estar perfectamente incluidos dentro del concepto de renting y contribuir a disminuir el volumen de la necesidad de financiación a través de créditos o préstamos.

Imagen  401(K) 2013 Flickr Creative Commons